Moisés Salinero (57 años) vino a vivir a Leganés hace unos 30 años con su familia. Deportivamente, Leganés se lo ha dado todo. Empezó hace 20 años como formador en clubes por hobby y un amigo, Alberto Gutiérrez, “me enganchó para ser su ayudante en el Club Deportivo Leganés”. Actualmente es el Director Deportivo de la Escuela de Fútbol y del Torneo del Pepinito de Leganés.
Pregunta: ¿Cómo comienza sus primeros pasos en el mundo del fútbol?
Respuesta: Llegué al CD Leganés de la mano de un amigo. Luego fui entrenador y coordinador de la escuela con Juan Domínguez, quien me enseñó a gestionar una escuela de fútbol. Finalmente, Victoria Pavón y Felipe Moreno me nombraron director de la escuela del CD Leganés hace 12 años. Desde entonces, he intentado que el fútbol base sea totalmente formativo, pues creo que es vital que los niños hagan deporte, independientemente de cuál sea.
P: Es decir, que tu carrera ha estado ligada de forma casi exclusiva al Club Deportivo Leganés, ¿es así?
R: Sí, prácticamente toda mi trayectoria más implicada en el fútbol base ha sido en la escuela del Club Deportivo Leganés. He realizado algunas cosas esporádicas en otros clubes, pero mi desarrollo principal ha sido allí.

P: Doce años al frente de una escuela tan importante dejan huella. ¿Qué recuerdos o anécdotas guardas con más cariño de esa etapa?
R: Imagínate, por allí pasaban unos 700 niños cada temporada; en 12 años son miles de jóvenes formados. Más allá de los resultados, mi recuerdo más grande es el equipo humano. Tuve la suerte de contar con coordinadores que, además de grandes profesionales, han sido mis amigos: David Martín, Juan Pablo Iveas, José Antonio Pariente y, en la última etapa, Antonio. Ellos fueron quienes realmente me ayudaron a sacar adelante ese proyecto tan bonito. También quiero poner en valor a los entrenadores; la escuela alcanzó el nivel que tuvo gracias a la calidad y la entrega que ellos ponían en cada sesión de entrenamiento y en cada partido. Sin un equipo comprometido, es imposible formar a 700 niños anualmente con éxito.
P: Siempre haces hincapié en que el fútbol a estas edades no es solo darle patadas a un balón. ¿Cuál es tu filosofía de trabajo?
R: Mi premisa es clara: antes de entrenador, soy formador. Y eso es algo que siempre les repetía a mis entrenadores en la escuela: “antes de entrenador, eres formador”. No podemos limitarnos a lo deportivo; los valores son vitales hoy en día. Yo interpreto el deporte como la vida misma y creo que hay que educar a los niños bajo ese prisma. Para mí, lo fundamental es que todos los chavales, independientemente de su nivel, tengan una salida deportiva y formativa a través del fútbol.
P: Ante el auge de los videojuegos y el sedentarismo, ¿qué papel juega una escuela de fútbol base hoy en día en la salud de los niños de Leganés?
R: Es fundamental. Como siempre digo, me da lo mismo el deporte que sea, lo importante es que los niños hagan deporte porque todos son válidos. El fútbol base es el antídoto contra el aislamiento tecnológico; aquí los chavales socializan, se esfuerzan físicamente y aprenden a convivir. Mi pasión es que, independientemente del nivel que tengan, encuentren en el fútbol esa salida deportiva y saludable que tanto necesitan en su desarrollo.
P: Dices siempre que “antes de entrenador eres formador”. ¿Cómo se entrena la inteligencia emocional en un niño que acaba de perder un partido importante?
R: Se entrena con el ejemplo y la palabra. En el fútbol base, el resultado es lo de menos; lo que importa es el aprendizaje. Hay que enseñarles a ser humildes tanto en la victoria como en la derrota y a reconocer los errores para no volverlos a cometer, algo que también aplicamos nosotros en la organización del torneo. Si un niño sale del campo habiendo aprendido a respetar al rival y al árbitro, ese día hemos ganado el partido más importante.
“Antes de entrenador eres formador; tenemos que formar no solo en lo deportivo, sino en valores»
P: Tras cerrar esa etapa, te incorporas al proyecto del “Pepinito”. ¿Cómo ha sido el cambio y qué te has llevado contigo?
R: Me incorporo con la misma ilusión y, como suelo decir, “voy a morir con mi filosofía”. A mi edad y con mi experiencia, no voy a dejar de hacer lo que me gusta, que es transmitir esos valores y esa formación que tan buenos resultados me han dado siempre. En el “Pepinito” me he encontrado, sobre todo, un factor humano excepcional. Hay un ambiente espléndido para trabajar y siento que cuento con el apoyo total de la junta directiva para desarrollar todas las ideas que tengo en la cabeza.
P: ¿Qué objetivos te marcas a corto y largo plazo en este nuevo proyecto?
R: Soy de los que piensan que los proyectos deportivos serios deben ser siempre a medio y largo plazo. Quien crea que un proyecto de este tipo se desarrolla correctamente en el corto plazo, está equivocado. Mi idea es construir algo sólido aprovechando el magnífico ambiente que hay aquí.
“Voy a morir con esta filosofía: transmitir esos valores y esa formación que tan buenos resultados me han dado»

P: En esta labor de formación, ¿qué importancia le das al comportamiento de los padres y familiares en la grada durante los torneos?
R: Es una parte esencial del engranaje. Si decimos que el deporte es como la vida misma, los adultos debemos ser el primer ejemplo. No sirve de nada que nosotros formemos al niño en el respeto al árbitro o al rival si luego en la grada ven conductas contrarias. Para que el proyecto del “Pepinito” o cualquier escuela funcione, las familias deben “remar a una” con nosotros. El éxito no es que el niño o la niña gane el trofeo, sino que aprenda a convivir, a esforzarse y a ser mejor persona a través del fútbol.
P: ¿Cómo ha evolucionado la relación con las familias desde que empezaste hace 20 años hasta este nuevo proyecto del Pepinito?
R: El fútbol ha cambiado, pero las familias siguen siendo el pilar básico. Mi labor es transmitirles que estamos aquí para formar a sus hijos en valores. En el Pepinito buscamos que los padres y madres sean cómplices de esa formación y que entiendan que los proyectos serios se construyen a medio y largo plazo. No buscamos éxitos inmediatos, sino que sus hijos e hijas disfruten de este momento y crezcan con el deporte. Porque debemos recordar que no somos un club de fútbol, sino una escuela de formación, para lo cual, las familias no solo deben contar, sino ser protagonistas. De hecho, en la medida de nuestras posibilidades, organizamos actos en los que poder compartir con padres y madres momentos de charla fuera de los terrenos de juego, como hemos hecho recientemente con un pequeño catering, para celebrar el inicio del año, y donde padres, madres, entrenadores, niños y niñas así como los voluntarios del Pepinito nos hemos encontrado y hemos tomado un trozo de roscón de Reyes o un poco de empanada. Crear lazos es muy importante.
P: En el contexto actual, el fútbol femenino ha crecido exponencialmente. ¿Cómo ves la integración de niñas en las escuelas de fútbol base?
R: Es una evolución necesaria y muy enriquecedora. La integración de niñas en equipos mixtos o la creación de secciones femeninas fomenta la igualdad desde la infancia. Aunque en mi trayectoria en la escuela del Leganés el volumen principal era masculino, la filosofía de que “todos los chavales tengan una salida deportiva” se aplica exactamente igual para ellas. La meta es que cualquier niño o niña, independientemente de su nivel inicial, encuentre un lugar donde disfrutar y aprender.
P: ¿Cuál es el mayor desafío al trabajar con categorías de iniciación (chupetines o prebenjamines)?
R: El desafío es gestionar las expectativas y la frustración. A esas edades, el fútbol debe ser puramente lúdico. Mi enfoque siempre ha sido que los niños disfruten de este momento. Si un niño se divierte, aprenderá los conceptos técnicos casi sin darse cuenta; si lo presionamos, lo perdemos para el deporte.
P: Uno de los grandes retos inmediatos es una nueva edición del Torneo del Pepinito. ¿Cómo se presenta esta edición?
R: Con mucha ambición, pero también con humildad. Ya tenemos el bagaje de los años anteriores: el torneo de fútbol campo de hace dos años y el de fútbol sala del año pasado, que salieron muy bien. Sin embargo, este año queremos mejorar muchas cosas e intentar corregir los errores cometidos en el pasado. Hay que ser humilde para reconocer en qué fallaste y así poder superarte. El objetivo es poner este torneo en el lugar que se merece y proyectar una imagen importante de Leganés hacia el exterior.
“Hay que ser humilde para reconocer los errores que has cometido, no volverlos a cometer y mejorar»
P: Las previsiones hablan de una participación masiva. ¿Te genera presión batir récords?
R: Más que presión, es un reto muy bonito que me tiene superilusionado. Efectivamente, la proyección indica que vamos a romper todos los récords de participación. Estamos preparando novedades que creo que van a dejar a los clubes muy satisfechos, pero lo que realmente me importa es que los niños disfruten de este momento al máximo.
P: Con la proyección de romper récords de participación este año, ¿cómo se garantiza que el trato siga siendo cercano y humano con cada club?
R: Ese es el gran reto. Por muchos niños que vengan, no podemos perder el factor humano que es la base de este proyecto. He tenido la suerte de trabajar con grandes equipos y amigos en el pasado, y esa es la estructura que queremos aquí: que cada club, cada entrenador y cada familia se sienta atendida y escuchada. Las novedades que vamos a imponer están diseñadas precisamente para que la experiencia sea satisfactoria para todos, no solo en lo deportivo. Por otra parte, mantenemos una estrecha comunicación con los clubs y sus representantes, y sobre todo, les escuchamos, porque este torneo es patrimonio de Leganés, y así debe ser, construyéndolo entre todos y todas. Por eso, es inexplicable el comportamiento de los dirigentes de algunos clubs, que poniéndoles todas las facilidades del mundo, y tendiéndoles la mano, hayan decidido, de momento, darnos la espalda. Confiamos en que piensen su actitud y permitan que los niños y niñas que forman parte de sus equipos puedan disfrutar de una experiencia que les marcará de por vida.
P: Moisés, un aspecto diferenciador es que el Torneo del Pepinito no solo abarca el fútbol masculino y femenino, sino que ha dado un paso firme hacia el fútbol inclusivo. ¿Qué valor aporta esta categoría al evento?
R: Para nosotros es un orgullo decir que el Torneo del Pepinito es de los pocos, si no el único, que combina las tres categorías —masculino, femenino e inclusivo— sin dejar a nadie fuera de su participación. Esto no es algo secundario; ser inclusivos forma parte del ADN del proyecto del Pepinito. Si defendemos que el deporte es una herramienta educativa para la vida misma, no podemos poner barreras. Ver a chicos con distintas capacidades compartiendo el mismo escenario que el resto es la mayor lección de valores que podemos dar en este torneo.
P: ¿Qué mensaje le darías a un entrenador que está empezando ahora en el fútbol base?
R: Que nunca olvide que está educando. Los proyectos no se consolidan en dos días; hace falta paciencia y creer en el trabajo formativo. Al final, lo que queda es el respeto, la humildad para aprender y la felicidad de ver a los niños disfrutar en el campo.
P: Si tuvieras que definir el legado que quieres dejar en el fútbol de Leganés a través del Pepinito, ¿cuál sería?
R: Me gustaría que se nos recordara como un proyecto que no dejó a nadie atrás. Al igual que en mis 12 años en la escuela del CD Leganés intenté que el fútbol fuera totalmente formativo, ahora quiero que el Pepinito sea el símbolo de un deporte abierto, inclusivo y humano. Mi mayor satisfacción es ver que los niños son felices jugando, porque al final, lo importante es tener un objetivo y verlo cumplido en niños y niñas que nos recordarán durante toda su vida por las buenas experiencias que les hagamos vivir y disfrutar.
P: ¿Para terminar, ¿hay algo que quieras añadir o algún agradecimiento especial?
R: Simplemente quiero agradecer a José Antonio Gutiérrez la oportunidad que me ha brindado de estar aquí en el “Pepinito”. Me siento muy feliz de poder desarrollar algo que me apasiona y de que me permitan realizarlo con total libertad.



