Una agente de la Policía Nacional, de unos 35 años, resultó herida de bala en un tobillo durante una operación policial desarrollada en un narcolocal okupado desde hace meses en Leganés. El incidente se produjo de manera accidental cuando uno de los agentes de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) efectuó varios disparos al ser atacado por un perro de raza peligrosa durante el registro judicial del inmueble.
Según fuentes policiales, los hechos ocurrieron mientras se ejecutaba una orden judicial de entrada y registro en un bajo okupado donde, de acuerdo con los vecinos, existía desde hace tiempo un continuo trasiego de personas que acudían a diario a comprar sustancias estupefacientes. En el operativo participaron agentes de la UPR, del Grupo Operativo de Respuesta (GOR) de Leganés y miembros de la Policía Judicial de la comisaría local.
Durante la intervención, al acceder los agentes de la UPR a una de las estancias del local, un perro de raza American Staffordshire Terrier salió de forma repentina y se abalanzó contra los policías, llegando a morder la chapa protectora del uniforme de uno de ellos. Ante la agresión, el agente realizó varios disparos para repeler el ataque. Uno de los proyectiles atravesó una puerta metálica y alcanzó accidentalmente a una agente del GOR, causándole una herida de bala con orificio de entrada y salida en el tobillo.
La agente fue trasladada de urgencia por sus propios compañeros al Hospital Quirónsalud de Pozuelo de Alarcón, donde se recupera favorablemente de las lesiones sufridas.
El perro también recibió un impacto de bala, aunque logró huir del interior del inmueble. Posteriormente fue localizado e intervenido por la Policía Municipal de Leganés. Se investiga ahora si el animal falleció finalmente, quién era su propietario y si contaba con la documentación y el seguro obligatorios para este tipo de razas.

Un American Staffordshire Terrier. Foto de archivo.
La operación policial se saldó con la incautación de diversas sustancias estupefacientes y con la identificación y detención de varias personas relacionadas con el punto de venta de droga. El inmueble, que anteriormente perteneció a una iglesia, está situado en las inmediaciones de la Universidad Carlos III y llevaba tiempo generando problemas de seguridad en la zona.
Desde el Sindicato Unificado de Policía (SUP) han mostrado su apoyo a los agentes participantes en la intervención y, de forma especial, a la agente herida. El sindicato ha señalado que «este suceso vuelve a poner de relieve la extrema complejidad y peligrosidad de determinadas actuaciones policiales, especialmente aquellas que se desarrollan en contextos de alta tensión y con la presencia de animales, en este caso perros. Los policías se ven obligados a tomar decisiones en cuestión de segundos para proteger su propia integridad, la de sus compañeros y la de terceras personas, en escenarios imprevisibles y con un riesgo real para la vida».
Asimismo, desde el SUP subrayan «que, aunque en estos momentos se desconozca el estado del animal implicado, no es deseable que este tipo de intervenciones se salden con heridos, ni entre los agentes ni entre los animales. Sin embargo, cuando se produce una agresión en el transcurso de una actuación policial, la prioridad absoluta debe ser siempre la salvaguarda de las vidas humanas».
El sindicato recuerda también «que la legislación vigente sobre la tenencia y control de animales establece claramente la responsabilidad de los propietarios, que están obligados a garantizar el control efectivo de los mismos y a responder por las consecuencias derivadas de una gestión negligente o irresponsable», y exige «que no se ponga en entredicho la actuación profesional de los policías, que actuaron conforme a los protocolos establecidos y en el estricto cumplimiento de su deber».



