Hormigón, mucho hormigón. Leganés Norte es un barrio que surgió de la expansión urbanística de la ciudad, pero que aún hoy lucha por consolidarse como un espacio habitable y con identidad propia. LA VOZ DE LEGANÉS ha recorrido sus calles de la mano de sus vecinos, quienes han señalado las carencias y necesidades de un barrio que, pese a su crecimiento demográfico, sigue sintiéndose aislado del centro de la ciudad y falto de dotaciones públicas que mejoren su calidad de vida. Leganés Norte necesita inversiones, atención y cariño.
Un centro cultural inacabado como símbolo del abandono
Una de los principales reclamaciones de los vecinos es la finalización del Centro Cultural de Leganés Norte, cuyo esqueleto de hormigón inacabado se ha convertido en un símbolo del abandono institucional. Este equipamiento, prometido hace años, debía servir para dinamizar la vida social y cultural del barrio, pero su estado actual solo genera frustración. “Llevamos años pidiendo su finalización porque necesitamos un espacio donde reunirnos, organizar actividades y dotar al barrio de vida”, lamentan los residentes.
Aceras desniveladas y parques sin sentido
Pasear por Leganés Norte puede convertirse en un reto. Las aceras no están pavimentadas con baldosas, sino que están hechas de bloques de hormigón que, en muchas zonas, se encuentran desnivelados, lo que provoca caídas y accidentes. Solo en un tramo del perímetro de la Plaza del Laberinto el Ayuntamiento ha realizado una intervención con baldosas que contrastan con el resto del barrio, marcado por superficies frías y grises.

A esta problemática se suma la falta de un plan de mantenimiento de zonas verdes. Los alcorques se llenan de hierbas sin podar y en las planchas de hormigón crece el verdín, generando problemas de seguridad y salubridad. La solución que proponen los vecinos es clara: acometer un plan integral de mantenimiento y limpieza en las aceras y colocar pequeñas vallas perimetrales en las zonas verdes de los parques para evitar su continuo deterioro.
Espacios públicos sin utilidad ni planificación
Las plazas y parques del barrio, lejos de ser puntos de encuentro y recreo, carecen de un diseño que favorezca su uso y disfrute. La pista deportiva de la Plaza del Juego, por ejemplo, se ha convertido en un foco de molestias para los vecinos, especialmente en las noches de verano, cuando el ruido impide el descanso. Los residentes piden su gestión, cerrándola por las noches o su sustitución por un equipamiento que beneficie a todo el barrio y no genere molestias.


Asimismo, los vecinos plantean el cambio de nombre de la Plaza del Agua por el de Francisco Javier Torronteras, el GEO que perdió la vida en la operación antiterrorista tras los atentados del 11M en Madrid. “Sería un reconocimiento a su memoria y una forma de dignificar este espacio”, sostienen los vecinos.
Un bulevar para devolver la vida a Leganés Norte
Uno de los proyectos más ambiciosos que reclaman los habitantes de Leganés Norte es la creación de un bulevar central moderno, con jardines, aceras adecuadas, iluminación eficiente y elementos ornamentales que inviten al paseo y a la convivencia en la calle. Un proyecto que, de materializarse, no solo mejoraría la estética del barrio, sino que también fomentaría una vida comunitaria más activa.
Leganés Norte sigue creciendo en los matojos de hierbas que buscan salir por las rendijas del hormigón. Sus vecinos claman por una transformación que dote al barrio de identidad y funcionalidad, una inversión real que lo convierta en un espacio donde vivir no sea un reto diario.
Los responsables políticos tienen una oportunidad de oro para hacer algo por la ciudad y, en concreto, por este barrio con el remanente de tesorería. Háganlo. Dejen que sus rencillas conviertan el hormigón en esperanza e ilusión.







