«La depresión de las masas» de Raúl Díaz Arizmendi (profesor de Educación Secundaria en la especialidad de Geografía e Historia en la Comunidad de Madrid) será presentado mañana jueves, 27 de marzo, a las 19 horas en la librería La Libre de Barrio de Leganés (calle Villaverde nº 4).
Que el autor sea docente es una circunstancia que nos otorga una visión crítica desde su punto de vista, donde explica las razones que existen detrás de esa pretensión que tienen todas las instituciones, incluida la educativa, de implantar un escenario cada vez más digital, estrategia que tiene mucho que ver con el mundo en que vivimos y con los objetivos de esas compañías que lo lideran.
Sobre el libro, la depresión de las masas es el error más visible de un sistema egoísta fundamentado sobre un negocio digital que aprovecha las ventajas de mundo terciarizado por una economía a la que no le importa la humanidad ni su pérdida de soberanía porque la actual base cultural y social responde a patrones únicamente mercantiles, minuciosamente diseñados por lo que en su día, Skinner, definió como ingeniería de la conducta, hoy perfeccionada por una tecnología propietaria de nuestras vidas y opiniones, convirtiendo a toda la sociedad en una masa homogénea orgullosa de su modernidad democrática, pero poco consciente de las repercusiones que implican su avanzado estilo de vida.
Raúl Díaz Arizmendi es profesor de Educación Secundaria en la especialidad de Geografía e Historia en la Comunidad de Madrid,
El libro ha sido editado por Mandala Ediciones.
Sinopsis:
Hace prácticamente un siglo que Ortega y Gasset escribió su famoso libro de “La rebelión de las masas”, esas masas que conforman el conjunto de la sociedad, que se mueven a la vez y que ahora tampoco están en su mejor momento, puede que por una crisis existencial fruto de los cambios que se están produciendo en los últimos años, por las prisas y velocidad de los mismos o porque jamás existió esa felicidad que se empeñan en buscar aquellos que se apuntan al carro de este progreso que lo único que hace es mantenernos en un estado de deriva automática incapaz de ver a quien tenemos enfrente ni lo que pasa a nuestro alrededor porque no dejamos de mirar esa pantalla que es donde se nos exige que miremos y porque es ahí donde se establecen los parámetros morales de una sociedad que se supone avanzada, pero que obedece a la misma estructura y procesos de siempre, con nuevos inventos, con unas modas (luego explico lo que entiendo por moda) cada vez más ridículas, pero con los mismos miedos, sometidos por un sueldo que paga cada vez más y que vale cada vez menos, devaluando la esencia de esa parte de la pirámide que ocupa la mayor parte, pero que se come lo mismo o menos que cuando se llamaba Tercer Estado o pueblo llano, salvando las distancias eso sí entre las diversas subdivisiones, porque la invención de la máquina dibujó un nuevo mapa mundial y como esa máquina sigue evolucionando hasta el punto de hacerlo por sí sola y de sustituirnos a todos los presentes no se puede escribir otro libro que “la depresión de las masas”, esa masa concentrada en lo mismo, lobotomizada en un estado mental catatónico, circunscrita a unos límites cada vez más estrechos y precisos, definidos por los intereses que dicen lo que se debe y no se debe hacer y que conforme pasa el tiempo liman con más facilidad las aristas de la imperfección que pueden lastimar este sistema que cuenta con unos métodos y medios mucho más precisos y eficaces que los de hace un siglo, momento en el que la industrialización del siglo XX preparaba ya nos preparaba para que derivásemos en el producto que hoy somos.
Y de todo ello es lo que habla este libro, del sistema educativo, del negocio digital y sus repercusiones, y sobre todo, de la falta de humanidad y pérdida de criterio de los últimos tiempos. De hecho, la mayoría de obras que he consultado y sobre las que me he apoyado, son libros de hace más de 50 años, por lo que tampoco digo ni descubro nada nuevo, pero creo que es importante que no se nos olviden y se nos están olvidando.
Analizo la base cultural y social sobre las que se asienta nuestro día a día y alrededor de la cual gira el mundo entero, su economía y toda una sociedad que se comporta de un modo determinado siguiendo los patrones establecidos
que Skinner definió perfectamente a través del estudio de la conducta humana (conductismo) hace casi un siglo, pero que hoy se ha perfeccionado gracias a una tecnología que se nutre de nuestros datos, los cuales ya no nos
pertenecen, igual que nuestra intimidad y derechos, también en manos de los mismos que establecen una serie de parámetros de comportamiento que definen nuestras vidas.



