La Organización Mundial de la Salud considera que la etapa de envejecimiento comienza alrededor de los 60 años. A partir de esa edad, nuestro cuerpo empieza a cambiar de forma más evidente… y la voz también. Igual que aparecen canas o perdemos fuerza muscular, la laringe y el sistema respiratorio envejecen, y eso puede hacer que la voz suene más débil, más ronca o más entrecortada. No es una enfermedad: es un proceso natural llamado presbifonía, y afecta a un número creciente de personas a medida que la población aumenta su esperanza de vida.
Los especialistas explican que la presbifonía aparece porque la laringe también envejece. Los músculos que tensan y acercan las cuerdas vocales pierden volumen y fuerza, y los tejidos que las recubren se vuelven más rígidos. Como resultado, las cuerdas vocales vibran peor y se escapa más aire al hablar. Esto hace que la voz suene más floja o temblorosa (Haddad et al., 2024).
Pero la voz no depende solo de la laringe. Los pulmones y los músculos respiratorios también cambian con la edad. Con los años disminuye la fuerza para inspirar y espirar y eso reduce el aire disponible para hablar. Muchas personas notan que se quedan sin aire antes o que no pueden mantener el volumen de la voz durante mucho tiempo. Un estudio en pacientes con presbifonía mostró que quienes tenían peor función respiratoria también tenían voces de peor calidad y necesitaban de más esfuerzo al hablar (Desjardins et al., 2020).
Además, la presbifonía suele aparecer junto a la pérdida de audición propia de la edad, la llamada presbiacusia. De hecho, casi el 40% de los mayores con presbifonía también tienen pérdida auditiva (Park et al., 2020). Cuando oímos peor, tendemos a hablar más fuerte sin darnos cuenta, y eso puede empeorar aún más la voz.
La buena noticia es que la voz se puede entrenar a cualquier edad. La ciencia lo tiene claro: la terapia vocal con un logopeda mejora la calidad de la voz envejecida, ayuda a proyectarla mejor y reduce el esfuerzo al hablar (Almutawa et al., 2024).
En resumen, la voz envejece igual que el resto del cuerpo, pero no tenemos por qué resignarnos. Si notamos que hablar nos cuesta más o que nuestra voz ha cambiado, conviene consultarlo: con ejercicios adecuados y la guía de un logopeda especializado en voz, es posible recuperar fuerza, claridad y comodidad al hablar.



