Inicio ActualidadJuan Sabas: «En menos de un año pasé del taxi a vivir exclusivamente del fútbol»

Juan Sabas: «En menos de un año pasé del taxi a vivir exclusivamente del fútbol»

Una carrera forjada desde los campos de fútbol de Leganés y marcada por el esfuerzo, la pérdida de su padre cuando apenas comenzaba a abrirse camino y una ascensión meteórica que le llevó del taxi a los grandes escenarios del fútbol español

por Pablo Fúster

De las calles de Zarzaquemada a ganar dos Copas del Rey consecutivas con el Atlético de Madrid. Juan Sabas Huertas (Madrid, 1966) ha construido una carrera marcada por el esfuerzo, el sacrificio y una fuerte vinculación con los lugares en los que ha dejado huella. El exfutbolista, que continúa ligado al mundo de los banquillos, pasó por clubes como el Rayo Vallecano, Atlético de Madrid, Betis, Mérida, Albacete o Hércules y también ha desarrollado una amplia trayectoria como entrenador. Ahora, mantiene su vinculación con el fútbol y con Leganés a través del Pepinito, un torneo con el que comparte raíces y recuerdos de su infancia.

P: Tus primeros pasos fueron en Leganés, y luego con 18 años debutaste en Tercera División con el Valdepeñas. ¿Cómo recuerdas aquellos comienzos?

Mis inicios los recuerdo en el Rayo Fátima, un equipo ya extinto de Zarzaquemada, donde vivían mis padres y donde todavía vive mi madre. Allí di mis primeros pasos y después, con 18 años, debuté en Tercera con el Valdepeñas.

Fue una época muy complicada porque mi padre había fallecido y había que ayudar a la familia. Me tocó combinar el fútbol con el trabajo en el taxi. El fútbol era semiprofesional y había que echar una mano en casa mientras intentaba llegar lo más lejos posible.

P: Aquello supuso un golpe muy fuerte para una familia humilde. ¿Cómo viviste ese momento?

Fue un tsunami para una familia humilde y trabajadora. Mi padre trabajaba y mi madre estaba en casa con cuatro hijos. De repente nos quedamos sin el faro de la familia, sin quien generaba la economía para poder sobrevivir.

A mi hermano mayor, que tiene un año más que yo, y a mí nos tocó arrimar el hombro. Estuve a punto de dejar el fútbol, pero mi madre y mi hermano me ayudaron a poder entrenar todos los días y me animaron a seguir. Gracias a eso pude continuar con el fútbol y conseguir todo lo que vino después.

P: ¿Cómo os organizabais para poder trabajar y entrenar?

Jugábamos en el Pegaso y entrenábamos por las tardes, así que podía trabajar por las mañanas. Mi hermano aceptaba los horarios que yo necesitaba por el fútbol y compartíamos aquella herramienta de trabajo familiar.

P: Después llegaste al Pegaso y allí cambiaste de posición. Pasaste de marcar seis o siete goles a hacer 22. ¿Qué ocurrió?

El entrenador que teníamos en Valdepeñas, Fernando Sierra, llegó después al Pegaso. Yo jugaba más en banda, como extremo, y mis cifras eran de seis o siete goles por temporada. El entrenador decidió ponerme de segundo delantero.

Coincidí allí con Alfredo Santalena, que después fue compañero mío en el Atlético. Quedamos campeones y pasé de marcar seis goles en banda a hacer 22 en Tercera. El segundo año volví a marcar otros 22 y esos dos años hicieron que se interesara por mí el Rayo Vallecano.

P: ¿Cómo viviste aquel salto tan rápido hasta Primera?

Firmé con el Rayo cuando estaba en Segunda y en los últimos partidos consiguió el ascenso a Primera. De repente me vi con 20 o 21 años haciendo la pretemporada con un equipo de Primera y con futbolistas que yo veía como si estuvieran años luz.

Pensaba que después de la pretemporada me cederían, pero hice una pretemporada espectacular y me quedé. Jugué todo el año como titular y aquel fue mi escaparate deportivo.

Al siguiente, aunque había firmado cuatro años con el Rayo, me compró el Atlético de Madrid y firmé otras cuatro temporadas. En menos de un año pasé de compartir el fútbol con el taxi a vivir exclusivamente del fútbol.

P: ¿Fue difícil adaptarte a Primera División?

Me ayudaron mucho el público de Vallecas y los compañeros. Había una buena plantilla y un gran grupo humano, aunque deportivamente no fue un año bueno.

P: Y llegaste al Atlético, un club que además era parte de tu historia familiar. ¿Qué recuerdas de aquel vestuario?

Lo que recuerdo con más emoción es entrar en un vestuario lleno de ídolos míos. Jugar con Futre, Schuster, Abel Resino, Julio Prieto o Mejías era maravilloso. Yo había ido a verlos a las gradas del Vicente Calderón y de repente estaba sentado con ellos.

Eran personas humildes y normales que te facilitaban entrar en un vestuario tan increíble. Y después llegar y ganar dos Copas del Rey seguidas fue como tocar el cielo.

P: Esas dos Copas fueron en 1991 y 1992. ¿Qué significaron para ti?

Mi memoria retiene esas dos Copas que gané con el Atlético, en 1991 y 1992, contra Mallorca y Real Madrid en el Santiago Bernabéu.

Pero, para mí, el mayor logro y el mayor éxito de mi vida ha sido llegar a Primera División después de sufrir aquel colapso familiar, sin ayuda y sin nadie que te asesorara. A base de esfuerzo, trabajo, sacrificio, de toda la familia, de amigos y de gente que confió en mí conseguí estar en Primera durante tantos años.

P: ¿Pensabas en tu padre en esos momentos?

Siempre que hacía goles o conseguía algo importante se me pasaba por la cabeza que mi padre se lo había perdido. Era mi mayor valedor y la persona que más confianza había tenido en mí.

Seguramente lo habrá visto desde el cielo. Eso es lo que toca muchas veces: vivir una vida muy bonita, pero que en ocasiones también es cruel.

P: En el Atlético tuviste un papel diferente al del Rayo: el de revulsivo. ¿Te costó asumirlo?

Nunca lo acepté ni lo llevé bien, pero sí me amoldé. Eran otros tiempos: no había cinco cambios y no se jugaban tantos partidos. Es difícil entrenar como los demás para jugar diez minutos, un cuarto de hora o media hora.

Hasta el Rayo había jugado prácticamente todo como titular. En el Atlético me encontré con Futre, que era el buque insignia, con Manolo, que había sido Pichichi, y con delanteros internacionales. Muchas veces tenía que conformarme con los minutos finales, pero intenté aprovecharlos de la mejor manera posible. Creo que así me gané el cariño que me han demostrado las aficiones durante toda mi carrera. Los títulos se quedan en el pasado, pero el cariño perdura.

P: Después de cuatro temporadas en el Atlético llegaste al Betis. ¿Por qué decidiste marcharte?

Por mí habría estado toda la vida en el Atlético, pero entendía que se había acabado un ciclo y que no tenía el nivel necesario para jugar los minutos que quería. Los futbolistas que había me eclipsaban.

Me fui al Betis porque pensaba que iba a jugar más, al ser un equipo recién ascendido, aunque después jugué prácticamente lo mismo. Ya había entrado en una dinámica en la que todo el mundo del fútbol me veía como un revulsivo.

P: ¿Qué supuso Sevilla para ti?

Sevilla es diferente. La gente es muy pasional y vive ser sevillista o bético como una religión. Si te dejas el alma por tu equipo, te pueden idolatrar toda la vida. Yo tengo una vinculación increíble con el Betis. Mis hijos son sevillanos, nacieron allí y son del Betis. Viví en Sevilla ocho o diez años, no solo durante mis tres temporadas como futbolista. Después de retirarme estuve varios años allí y luego regresé a Madrid. Mis hijos siguen viviendo allí y voy cada dos o tres meses.

P: Después llegó el Mérida. ¿Fue difícil dejar el Betis?

Muy difícil. Salir del banquillo, ser un ídolo y conseguir ese cariño es complicado, pero necesitaba un cambio. Alessandro, a quien conocía del Atlético, me hizo sentirme importante.

Estuve dos años allí, uno en Primera y otro en Segunda. Ya tenía más de 30 años y las rodillas estaban muy castigadas. Aun así, creo que jugué a un nivel muy bueno y nunca me arrepentí de haber ido.

P: ¿Qué recuerdas de tu etapa en el Albacete?

Mis padres son manchegos y me lo tomé un poco como volver a las raíces. Me divertí muchísimo. Me encantó Albacete, su gente y la ciudad. Estuve dos años y es uno de los sitios donde más me he divertido jugando al fútbol.

P: ¿Y el final de tu carrera en el Hércules?

Estuve muy poco tiempo en Alicante y no me dio tiempo a saborear ni la ciudad ni el Hércules. Pero sí percibes la grandeza de un club por su historia. Me parece extraño que un club como el Hércules siga en Primera Federación y no haya conseguido regresar a Segunda, por estadio, afición y muchísimas cosas.

P: ¿Fue difícil dejar de ser futbolista?

No. Después de retirarme nunca he echado de menos mi profesión. Enseguida me enganché a ser entrenador. Siempre he estado vinculado al fútbol y casi siempre en un vestuario.

Me facilitó mucho el paso tener la licencia de entrenador y haber trabajado durante tantos años en un buen nivel.

P: Si tuvieras que elegir al futbolista más completo con el que jugaste, ¿a quién escogerías?

Bernardo Schuster. Por su inteligencia en el campo, porque estaba prácticamente siempre bien situado, se asociaba muy bien en corto y podía dar pases en largo con las dos piernas de una manera increíble.

Y si me preguntas por un futbolista diferencial, diría Alfonso Pérez Muñoz, del Betis. Creo que marcó unos 25 goles y era un espectáculo. Como porteros, coincidí con Abel Resino y Pedro Jaro, que fue Zamora con el Betis.

P: Después llegó tu etapa como entrenador. ¿Cómo fue ese proceso?

Empecé dos años en las categorías inferiores del Atlético de Madrid y después estuve cinco o seis temporadas como segundo entrenador de Abel Resino en Primera División. Eso me permitió adquirir experiencia y después di el salto como entrenador en solitario en el Sanse. Disputamos una liguilla y estuvimos cerca de repetirlo.

Después llegó Extremadura. Cogí al equipo último, hicimos una segunda vuelta espectacular y conseguimos salvarlo. Posteriormente regresé y conseguimos ascender de Segunda B a Segunda A. Ese ascenso es mi mayor logro como entrenador.

P: ¿Te quedas con algún reproche de esa trayectoria?

Nunca me he sentido maltratado por nadie y siempre he respetado las decisiones de quienes mandaban. Puede que no las compartiera, pero las respeto.

Estoy para disfrutar de la vida y quedarme con lo bueno de cada situación. No tengo nada que reprochar a nadie ni guardo rencor. Vivo tranquilo porque creo que mi cabeza gestiona de manera positiva todo lo que ocurre.

P: Tu último club ha sido el Zamora. ¿Cómo ha sido esta última etapa y qué esperas ahora?

Estuve un año y medio, me divertí muchísimo, hice muchos amigos y me parece una ciudad maravillosa. Viví momentos muy buenos y otros no tan buenos y al final la vida del entrenador acaba con un cese.

Ahora estoy esperando nuevas oportunidades y trabajando para que el Pepinito tenga una repercusión bárbara. Es un torneo de mi pueblo, de mi ciudad, de mi barrio, que yo mismo jugué.

Sigo siempre vinculado al fútbol. También trabajo en Telemadrid comentando los partidos del Atlético de Madrid.

P: Y volvemos precisamente a tus raíces. ¿Qué significa para ti Zarzaquemada?

Una alegría inmensa haber desarrollado todo mi potencial en las calles de Zarzaquemada. Soy un futbolista criado en la calle. Nunca estuve en una academia ni en una cantera importante, ni tuve entrenadores titulados.

Era fútbol salvaje: dos piedras, mochilas del colegio, barrio contra barrio y horas y horas jugando. En aquella época Zarzaquemada era diferente. Había campos, huertas y menos edificaciones, así que se podía jugar al fútbol prácticamente en cualquier sitio.

P: ¿Llegaste a jugar el Pepinito?

Recuerdo perfectamente que existía y seguramente jugaría con el Rayo Fátima algún torneo, pero tengo 59 años y no recuerdo mi trayectoria concreta allí. Cuando aparece el nombre de Pepinito sí lo recuerdo perfectamente.

P: ¿Qué te llevó ahora a involucrarte en el Pepinito?

Me acerco al Pepinito por José, que es quien ha devuelto esa ilusión por tener este gran torneo en Leganés. Me involucro porque soy de Zarzaquemada, soy de Leganés de toda la vida y me parece una idea fantástica para que los niños puedan darse a conocer, jugar, divertirse y recibir una educación deportiva y social.

Creo que el Pepinito hace una labor magnífica por Leganés. También intento aportar mi experiencia en entrenamientos específicos y tecnificación, porque puedo ofrecer la visión de alguien con muchos años de trayectoria deportiva, tanto como futbolista como entrenador.

P: Y con Full Talent Spain existe además la posibilidad de que algunos jugadores puedan continuar su formación en Estados Unidos. ¿Qué supone esa oportunidad?

Full Talent es una empresa que desarrollamos unos amigos y yo para dar un enfoque diferente a la evolución de los chicos que vayan allí a entrenar.

Las becas universitarias siempre han existido, pero Full Talent tiene alianzas con Estados Unidos que facilitan esa labor. Además, cuenta con entrenadores e instalaciones que pueden ayudar con una visión diferente a las tecnificaciones que existen actualmente.

TECNIFICACIONES PEPINITO LEGANÉS

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